Y Montserrat es mi nombre artístico…

La verdad es que cuando de jovencita pensaba a qué me gustaría dedicarme en un futuro, la idea de ser actriz porno nunca pasó por mi mente. Bueno, como a cualquier chica que sueña con su porvenir, por supuesto que eso de dedicarse al cine me hacía ilusión, incluso hice algún que otro pinito en el teatro cuando estudiaba, pero nunca me lo tomé demasiado en serio; y por supuesto, el cine para adultos nunca pasó por mi imaginación.

Y la verdad es que todo pasó por casualidad y sin que ni cuenta me diera, y por supuesto, todo gracias a un chico. Yo vivo en Barcelona, y justo antes de empezar la universidad, en esas vacaciones de verano en el que te ilusiona el pensar qué vendrá a continuación con el nuevo ciclo de estudios, conocí a David. Él era algunos años mayor que yo, ya había terminado los estudios y se dedicaba al montaje de imágenes en una agencia de publicidad, o al menos eso me dijo; y no es que fuera mentira, es que no me comentó que, en sus ratos libres, que eran muchos por lo visto, se dedicaba al rodaje de películas porno.

Pues sí, sin poderlo imaginar él se dedicaba al cine X, y lo que no sabía tampoco es que sin que me diera cuenta, se fijaba en mí con ojos profesionales. No es que fuera una chica espectacular ni mucho menos, aunque tenía mis encantos. Había tenido un par de novios más o menos formales unos meses, pero después me iba bien con los rolletes de fin de semana; y debo confesar que no se me daba mal eso de conseguir ligues para una noche, porque tengo mucho desparpajo y una entrada de esas que llaman “simpática”. En fin, que era bastante resultona, pero ¿con un físico hecho para el porno? Para nada.

Aprendí después que eso del físico estaba sobrevalorado, pero por de pronto, cuando por fin David me confesó su verdadera ocupación, y me comentó que estaba seguro que a mí también se me iba a dar muy bien, pensé que se le había ido la olla. Él me aseguró que veía en mí cualidades perfectas para este tipo de películas, y yo pensé que me estaba llamando guarra o algo así, y me enfadé bastante; aunque hacía tiempo que había dejado de ser virgen, y no negaba que me gustaba ir cambiando de pareja, el tiempo que llevábamos juntos no había mirado a otro, y la verdad es que me ofendió. Así que no sólo hice oídos sordos a su comentario, sino que además decidí que iba a cortar con él de inmediato, y durante unos meses lo ignoré completamente, centrándome en mis estudios de ciencias, que era por lo que me había decantado en la universidad.

Pero David era perseverante, y tras una serie de peripecias que más tarde contaré, consiguió que volviera con él, y en una ocasión se presentó con uan cámara de vídeo, intentando convencerme para que grabáramos un vídeo amateur mientras teníamos sexo, para que viera cómo me vería filmada por un objetivo. A estas alturas no quería volver a discutir con él, y no me resistí demasiado para complacerlo; y cuando vi el resultado, no sabría decir quién alucinaba más, si él o yo.

Y esa pequeña grabación fue el comienzo de mi carrera como actriz porno. Cambié mi nombre real por el de Montserrat, en honor a mi patrona, e inicié una vida profesional de la que pronto os daré detalles, si seguís visitando mi blog.

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