Mi primera peli porno: una orgía sin fin

Como en toda vida profesional, en la mía hay momentos buenos y momentos malos, momentos para recordar y momentos para olvidar. Pero si hay uno memorable, imposible de borrar y que siempre estará en mis pensamientos, fue el día en que grabé mi primera escena en una verdadera película X, que para colmo simulaba una de esas fiestas porno con tanto vicio, un tema que yo no dominaba ni por asomo.

A ver, imagino que para cualquiera grabar su primera escena de sexo ante cámaras tiene que ser impactante, tal y como me pasó a mí, pero yo, que en principio no me consideraba una chica nerviosa y que creía haberme preparado mentalmente lo suficiente como para estar calmada, nunca pensé  que me iba a estrenar como parte de una orgía. Puede que a las grandes actrices porno les den por adelantado el guión y les cuenten cómo va a ser su papel, pero en mi caso, recién salida de un casting entre más de mil aspirantes, y con la ayuda de mi novio que me había enchufado un poco (todo hay que decirlo), no tenía ni idea de lo que iba a tener que hacer hasta que llegué al mismo estudio de filmación aquella mañana. Cuando supe que iba a participar en aquella escena que simulaba sexo a mansalva entre un montón de gente en una discoteca, la cara debió cambiarme, pero claro, irme en ese momento significaba abandonar toda esperanza de seguir en el cine porno.

Curiosamente, había algunas chicas más nerviosas que yo, porque les habían comentado que tendrían que rodar escenas de porno anal. Por suerte, David y yo eso lo teníamos más que superado, él era un experto al menos en mi opinión, y gozábamos bastante cada vez que lo hacíamos; no me daba ningún miedo, sólo esperaba que aquellos actores amateur tuvieran la mitad de la técnica que él. Aunque podía entenderlas, si yo fuera una novata en el tema y me dijeran que me iban a dar por culo así por las buenas, y además varios tíos uno detrás de otro, seguramente también me hubiera acojonado.

Por suerte, había entre nosotras algunas maduras ya veteranas en aquel tipo de escenas que empezaron a darnos algunas pautas. Yo lo agradecí, y la verdad es que consiguieron tranquilizarme, y me hice la promesa de que aquello no volvería a pasarme: desde el momento en que saliera del estudio de grabación, hablaría con mi novio, e íbamos a volver nuestras vidas una vorágine sexual donde no íbamos a dejar palo sin tocar. En eso pensaba mientras me introducía de lleno (nunca mejor dicho) en mi primera orgía profesional, y ya os contaré lo que mi chico pensó de esa propuesta.

 

Buscando castings porno en la ciudad condal

Aunque como conté en mi post de presentación, el principio de mi carrera como actriz porno comenzó con una serie de videos amateur, hay un recuerdo  que siempre está marcado en mi mente, y seguramente todos y todas las que se estén iniciando en este mundo estén de acuerdo conmigo en que una de las pesadillas que puedes encontrarte son los castings porno.

Ahora ya no los necesito, son pocas las veces en que tengo que hacer pruebas de este calibre para acceder a un papel, y además suelen ser con algunas de mis condiciones; pero debo reconocer que al principio, cuando tenía que darme a conocer y no tenía más remedio que hacer cola en estos lugares para demostrar mis supuestas “habilidades”, llegó un momento en que se convirtió en un verdadero calvario, y que si no hubiera sido por mi referido novio actor, puede ser que hubiera tomado la decisión de mandar todo al carajo y no volver a pensar en hacer carrera en el cine para adultos. Pero bueno, esos tiempos ya pasaron, aunque como digo el recuerdo no se va tan fácilmente de mi cabeza.

No quiero dar la imagen de que presentarse a un casting porno esté mal, ni que pasen cosas raras en estos lugares, ni nada por el estilo. Además, os diréis, no puede ser tan difícil encontrar un papel en una película porno viviendo en Barcelona, cuando ya se sabe que se realizan prueba para este tipo de cine cada dos por tres, o si me apuráis para muchas actividades relacionadas con el ocio para adultos. Todo esto es cierto, pero la verdad, quema bastante de tener que esperar en ocasiones hasta horas, para presentarte delante de uno o varios extraños, quedarte totalmente desnuda, y dejar que te examinen o tener que tener algún tipo de contacto sexual con un completo desconocido y en ese mismo momento; si no estás muy motivada, puede ser una razón para que tires todo al traste y a otra cosa, mariposa.

Pero en fin, imagino que a una enfermera no debe gustarle poner cien botes de suero para aprender a hacerlo bien, ni a un albañil cientos de ladrillos para hacer una pared que se sostenga… Son gajes del oficio, jeje, y oye, al fin y al cabo, estamos hablando de follar, ¿no?

Y Montserrat es mi nombre artístico…

La verdad es que cuando de jovencita pensaba a qué me gustaría dedicarme en un futuro, la idea de ser actriz porno nunca pasó por mi mente. Bueno, como a cualquier chica que sueña con su porvenir, por supuesto que eso de dedicarse al cine me hacía ilusión, incluso hice algún que otro pinito en el teatro cuando estudiaba, pero nunca me lo tomé demasiado en serio; y por supuesto, el cine para adultos nunca pasó por mi imaginación.

Y la verdad es que todo pasó por casualidad y sin que ni cuenta me diera, y por supuesto, todo gracias a un chico. Yo vivo en Barcelona, y justo antes de empezar la universidad, en esas vacaciones de verano en el que te ilusiona el pensar qué vendrá a continuación con el nuevo ciclo de estudios, conocí a David. Él era algunos años mayor que yo, ya había terminado los estudios y se dedicaba al montaje de imágenes en una agencia de publicidad, o al menos eso me dijo; y no es que fuera mentira, es que no me comentó que, en sus ratos libres, que eran muchos por lo visto, se dedicaba al rodaje de películas porno.

Pues sí, sin poderlo imaginar él se dedicaba al cine X, y lo que no sabía tampoco es que sin que me diera cuenta, se fijaba en mí con ojos profesionales. No es que fuera una chica espectacular ni mucho menos, aunque tenía mis encantos. Había tenido un par de novios más o menos formales unos meses, pero después me iba bien con los rolletes de fin de semana; y debo confesar que no se me daba mal eso de conseguir ligues para una noche, porque tengo mucho desparpajo y una entrada de esas que llaman “simpática”. En fin, que era bastante resultona, pero ¿con un físico hecho para el porno? Para nada.

Aprendí después que eso del físico estaba sobrevalorado, pero por de pronto, cuando por fin David me confesó su verdadera ocupación, y me comentó que estaba seguro que a mí también se me iba a dar muy bien, pensé que se le había ido la olla. Él me aseguró que veía en mí cualidades perfectas para este tipo de películas, y yo pensé que me estaba llamando guarra o algo así, y me enfadé bastante; aunque hacía tiempo que había dejado de ser virgen, y no negaba que me gustaba ir cambiando de pareja, el tiempo que llevábamos juntos no había mirado a otro, y la verdad es que me ofendió. Así que no sólo hice oídos sordos a su comentario, sino que además decidí que iba a cortar con él de inmediato, y durante unos meses lo ignoré completamente, centrándome en mis estudios de ciencias, que era por lo que me había decantado en la universidad.

Pero David era perseverante, y tras una serie de peripecias que más tarde contaré, consiguió que volviera con él, y en una ocasión se presentó con uan cámara de vídeo, intentando convencerme para que grabáramos un vídeo amateur mientras teníamos sexo, para que viera cómo me vería filmada por un objetivo. A estas alturas no quería volver a discutir con él, y no me resistí demasiado para complacerlo; y cuando vi el resultado, no sabría decir quién alucinaba más, si él o yo.

Y esa pequeña grabación fue el comienzo de mi carrera como actriz porno. Cambié mi nombre real por el de Montserrat, en honor a mi patrona, e inicié una vida profesional de la que pronto os daré detalles, si seguís visitando mi blog.